La paz construida a varias manos

 

Cuando las expediciones españolas fundaron a la Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín en 1616, pensaron en hacer de este lugar una potencia económica del nuevo mundo gracias a sus bondades naturales y geográficas. Ciertamente no se equivocaron en su quéhacer, puesto que actualmente la ciudad ha venido ocupando este lugar en el desarrollo de las grandes urbes colombianas que con el paso del tiempo se modernizan al ritmo del mismo.

Medellín, una ciudad con cerca de 2 millones 500 mil personas hace parte del conjunto de las metrópolis mundiales que le apuntan a la innovación junto con Hong Kong, New York, París y entre otras. Bajo este panorama, uno creería que en todas y cada una de las esquinas de acá abunda la prosperidad económica y la equidad social como valores capitales por defecto. Para acercarse a verdadera realidad es cuestión de salirse de sus entrañas y visitar sus olvidadas laderas, una periferia que sin lugar a duda muestra el verdadero rostro de una ciudad que discrimina pero que a la vez es discriminada.

“Todos hablan de la innovación de Medellín, pero eso solo aplica para algunos. Nosotros, las comunidades de los estratos 0 y 1 no encajamos allí porque no alcanzamos a ganar ni el dólar diario”, cuenta el líder comunitario Jairo Maya en el recorrido inter-comunitario pactado entre las comunas 1 y 8 realizado el pasado 28 de noviembre en el marco del proyecto Memorias en Diálogo. Al respecto, esta caminata que tenía como objetivo primordial socializar las experiencias de resistencia y apropiación de espacios sociales de ambas comunas permitió entender las dinámicas geográficas, económicas y políticas con las que son estructuradas la ciudad.

“Medellín sí es una tacita de plata. Es una tacita para los que tienen plata, para las víctimas y desplazados es otra cosa totalmente distinta. Cuando no victimiza el Estado, victimizan los grupos armados al margen de la ley”, comenta una vez más Maya mientras discutían sobre la viabilidad de la mega obra conocida como “El Camino de la Vida/ Ruta de campeones” implementado en el cerro Pan de Azúcar de la comuna 8.

Como objetivo anexo, este recorrido que también contó con la presencia de movimientos sociales de Bogotá identificó algunas pautas necesarias para la construcción de paz en Medellín porque como anexó finalmente el líder comunitario, “la paz en el territorio se viene gestionando desde tiempos pasados. Lo que pasa en Cuba es un cuento muy lejano a esta realidad”.

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